Un jour, Valentino Garavani est apparu dans l’atelier de l’artiste portugaise Joana Vasconcelos, en dehors de Lisbonne, et lui a dit qu’elle faisait de la haute couture. “Non, moi, je fais de la sculpture”, répondit Vasconcelos. “Non, non, toi, tu fais de la haute couture”, insista le couturier, impressionné par le niveau de détail du crochet traditionnel dont elle avait composé ses mastodontes figures. À ce moment-là, déjà crépusculaire pour l’Italien, naquit une connexion artistique qui aboutit aujourd’hui à Venus —avec le V de Valentino et de Vasconcelos—, l’exposition avec laquelle le MAAT (Musée d’Art, d’Architecture et de Technologie) de Lisbonne célèbre son dixième anniversaire et, à la fois, l’une des artistes de la maison et l’astre de la haute couture.
“Aquella primera conversación fue como una transferencia de responsabilidad. Él transformó a las mujeres, las elevó, y ahora se trataba de hacer lo mismo con él”, nos dice Vasconcelos mientras ultima los detalles de la inauguración. “Yo sabría cómo hacerle un homenaje”. Y tanto que sabe: en las siguientes salas, se derrama una presencia divina, una concepción esencialmente estética del mundo que nos pregunta cómo es posible haber llevado la necesidad básica de vestirnos hasta el arte. Pues Valentino lo consigue y Vasconcelos lo ensalza como nadie lo había hecho antes.
O como se había hecho solo parcialmente antes, porque esta exposición es la ampliación de la que se inauguró el pasado enero en la Fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti de Roma, solo unos días después de la muerte del diseñador: “Él me invitó a sus archivos y siguió de cerca los trabajos; es una lástima que no haya llegado a la inauguración, porque le hubiera encantado”, lamenta Vasconcelos. “Pero, de alguna manera, entre la élite de la alta costura allí reunida, con los Fendis et los Ferettis, él estaba presente y era el protagonista”.
Aquí, en Lisboa, lo sigue siendo. Joana Vasconcelos juega con los espacios de esta rompedora arquitectura —que ella tan bien conoce tras siete exposiciones en los diez años de vida del MAAT— para configurar un espacio a medio camino entre una pasarela y un museo. El efecto es claro: exhibir la alta costura como una escultura.
